Traspasando los límites, el arte de construir lo propio

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– Límite: línea recta real o imaginaria que separa dos o más territorios. //Fin, tope o grado máximo de una cosa que no se puede o no se debe superar. //Magnitud física a la cual se acercan cada vez más los términos de una secuencia infinita de magnitudes.

– Borde: extremos u orilla de algo.

– Perímetro: Línea que limita una figura.

– Margen: espacio en blanco a los lados de una página manuscrita o impresa.

El límite tiene varios significados y definiciones, y algunos términos afines que nos permiten reflexionar sobre los alcances y el efecto que tiene en nuestras vidas. Cuando trabajamos dentro del aprendizaje asistido con caballos, podemos vivenciar algunos puntos de tensión o factibles de cambio en nosotros mismos.

En términos de desarrollo personal y psicológico, el límite es una construcción que, para ser sólida, está armada de adentro hacia fuera: es un logro, una conquista propia. Es cierto que se apoya sobre otro, sobre normas familiares, sociales y culturales. Cotidianamente, se lo suele  relacionar en su función negativa: “no se puede hacer esto o aquello”, “ésta línea representa el límite entre una provincia y otra-entre un país y otro”, etc. Suele ser efectivamente una zona con un cierto nivel de tensión, de puja, de lucha y de conflicto. El límite es entonces entendido en su función de limitante, de borde, de perímetro. Es en donde se apoya lo vivido y sentido como externo, como extranjero, como no semejante.

Me interesa llevar un poco de luz a nuestra mirada y a nuestro pensamiento sobre los LÍMITES, en su otra función positiva, en las numerosas posibilidades de marcar ciertos puntos o más bien líneas de puntos continuos que  dan lugar a la construcción de lo propio. Ya sea por oposición, por analogía o por semejanza, nos dan lugar a pensar, repensar y contrastar con lo de afuera, y con lo que vivenciamos y sentimos, y levantar piedra a piedra, ladrillo a ladrillo, aquello que serán las bases para poder ir y venir, salir y aventurarnos a las infinitas praderas de la vida y al encuentro con los otros y al crecimiento personal.

En nuestra vida cotidiana, los límites son sentidos principalmente en  forma restrictiva, y se actúa por sometimiento o rebelión frente a quienes nos imponen dichos límites. Sin embargo, el límite y su construcción es lo que nos permite sentir tranquilidad y cierta paz con el mundo. Por ejemplo, una madre le dice a su hijo: “NO podés volver más tarde de tal hora… Tenés que llamar al llegar.. No podés tomar alcohol” etc. etc. Lo que tenemos que tratar de entender es que ese perímetro permite la vivencia de todo lo que sí está permitido, hasta llegar a ese borde. Y permite avanzar, pensar y sentir y lograr concordancia, coherencia y reconocer aquello de lo que no entendemos o no sabemos. Aquello que es también nuestro límite emocional, aquello que desconocemos de nosotros mismos, no solo nuestros miedos sino nuestras capacidades, nuestras debilidades que pueden o podemos trastocar en fortalezas.

Trasladar, realizar analogías y metáforas entre el mundo de los caballos y el humano, ciertamente, es una herramienta valiosa, que nos permite trasladar nuestras vivencias y plasmarlas en la realidad…

Pensemos en los caballos que viven en libertad, si se quiere en las manadas que viven salvajes, incluso en el pensamiento de mayor libertad que pudiéramos imaginar, aun allí la naturaleza misma impone ciertos límites que recortan los movimientos y los caminos que recorrerán en busca de las mejores pasturas, agua y abrigo frente a los rigores de las estaciones.

Cuando tenemos caballos en “semi-libertad”, hecho de lo más cotidiano en nuestro mundo actual, hasta llegar al caballo estabulado en un club, lo que podemos considerar lo más lejano a su naturaleza de caballo (en el sentido amplio) es decir, no viviendo en manada, con pocos espacios para su necesario movimiento, en donde se adapta a los ritmos humanos, estamos frente a una experiencia de límite por excelencia. Y el caballo nos demuestra una vez más su increíble poder de adaptabilidad y de supervivencia. La naturaleza puede ser muy hostil; y los humanos  -no todos y no siempre- pero sabemos pueden ser hostiles y ciertamente destructivos.

Estar con caballos, es estar y sentir al límite: nos pone en situaciones que casi siempre son desconocidas, es enfrentarnos a no saber y ver qué hacemos con este espacio que se nos hace territorio pantanoso, en donde ya no podemos andar más allá… Y el coaching asistido con caballos nos da ocasión de intentar, probar, medir, rodear y andar algún camino inexplorado. Pensar, imaginar, fantasear, poner en acción y movimiento nuestra mente unida a nuestras emociones, ponerle lo que le sobra a nuestros compañeros de ruta, poner el corazón .Cuando conseguimos reunir nuestra mente y corazón, los resultados pueden superar nuestras mejores fantasías o pueden, llevarnos a imaginar sueños increíbles que nos inspiren a cambiar actitudes, ser mejores en algo, o para alguien.

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