Premier, mi gran maestro y amigo

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Recuerdo que mi abuelita Elena me había hecho un caballito de madera, con cabezada y riendas. Era ruano, tenía cachetes colorados y muchas crines. Atesoro el recuerdo de jugar por mi casa con mi caballito, saltando sillas y a veces tirando cosas al galope tendido.

Mi padre, maestro de equitación, nos transmitió el amor y la pasión por los caballos. Era tema de reunión y de charla en la mesa -y sobremesa- familiar. Han sido y son grandes compañeros y mejores maestros.

Siendo muy pequeña tuve mi primer caballo, esta vez de carne y hueso, llamado Sol Invicto. Recuerdo la sensación de tener mariposas revoloteando en mi panza cuando estaba con él; yo lo veía enorme, imponente. Con él salté las primeras vallas y debuté en mi primer concurso oficial, donde nos daban una cucarda por debutantes. Esto marcó tanto el inicio de mi carrera deportiva como de mi amistad para toda la vida con los caballos.

Premier llega a mi vida

Pasé muchos años de mi niñez y adolescencia con caballos, pero quien sin dudas cambió mi vida fue Premier, él marcó un antes y un después. Era enorme, fuerte, seguro, noble y aguerrido: a mis ojos, un bastión. Galopaba y retumbaba el piso, marcando el ritmo de cada paso. Recuerdo vívidamente la sensación  de potencia y fuerza que transmitía. Gracias a él descubrí que podía llegar más lejos y lograr cosas que no había imaginado.

Lo habíamos comprado en el campo siendo un potro, era muy hermoso: recuerdo su amplio flequillo ruano (rubio) con unos medallones más claros que se le hacían en la grupa cuando llegaba el verano. Su hogar era el Club Alemán de Equitación, y luego la Escuela Municipal de Equitación, donde mi papá fue director por aquellos años. Muchos tiempo y mucha buena gente rodean mis vivencias durante aquella época que nunca olvidaré.

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Enseñanzas inolvidables

Gracias a Premier, crecí sintiéndome más fuerte, y con el coraje de lanzarme a la aventura sabiendo que podría lograrlo porque él estaba a mi lado. Juntos, ganamos competencias de saltos importantes y obtuvimos varias nominaciones. Pero más allá del resultado, me enseñó cosas mucho más valiosas y duraderas: el trabajo en equipo, el valor de entrenar, la perseverancia, la confianza y la autosuperación, la sabiduría de que construir un vínculo fuerte lleva su tiempo y el entendimiento sin palabras.

Premier fue, sin dudas, mi gran maestro, compañero y amigo. Juntos, éramos como un centauro: mitad humano-mitad caballo, inseparables, en una mágica dualidad. Él alimentó mi búsqueda de lograr ayudar a los demás a través de mi trabajo, llegando a unir mis conocimientos como psicóloga, instructora y entrenadora de caballos.

Aún hoy, cuando me siento triste o insegura, llega a mi mente su recuerdo: su figura, su porte, su presencia, su flequillo y sus ganas… y recobro la capacidad de animarme y creer que sí, que todo es posible.

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